Vampiros en la memoria

Posted on 13 mayo, 2011 por

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En el siguiente video, los encuestados nos cuentan qué película de vampiros recuerdan y por qué. Hay un filme repetido en tres ocasiones… ¿Adivináis cuál?

No es necesario preguntar a decenas de personas para saber que la producción de vampiros más conocida es Drácula, de Francis Ford Coppola. Estrenada en 1992 y basada en la novela original de Bram Stocker es, quizás, la adaptación más fiel hasta la fecha. En esta ocasión, se nos presenta al Conde de una forma mucho más romántica, a pesar de lo monstruoso del personaje, enamorado de una mujer que es la viva imagen de su malograda amada en el pasado. Tal y como expresan los encuestados en el vídeo, “se trata de una obra maestra” por el trabajo del director y porque “las interpretaciones son magníficas”. Además, “es la adaptación que muestra a un Drácula distinto”. Como curiosidad, el dinero recaudado en taquilla saldó todas las deudas que había ido adquiriendo el director a raíz del rodaje de Apocalipsis Now y el Padrino III.

Otras películas han sido nombradas en esta pequeña encuesta. Todas ellas han aparecido en anteriores artículos, pero nunca está de más analizar porqué gustan tanto. La más antigua de las nombradas es la expresionista Nosferatu, el vampiro, filme mudo dirigido en 1922 por F.W. Murnau. También basado en la obra de Stocker, tal y como se comenta en el vídeo, “tiene su gracia por los métodos utilizados pero es entretenida y te da una visión de cómo se hacían las películas antes”. Cierto, sin diálogo, con cartelas anunciando las intenciones de los protagonistas y con una banda sonora de lo más tétrica para llamar la atención del espectador, gran entusiasta del terror ya a principios del siglo pasado. Pero a la viuda de Stocker no le gustó que vulnerasen los derechos de autor de su marido y se encomendó a la Sociedad de Autores británica para que emprendieran acciones legales. Ganaron y los productores fueron condenados a eliminar todos los negativos. Por suerte, no todas las copias se perdieron. ¿Lo mejor? El juego de luces y sombras, un auténtico lujo para el espectador.

Saltamos de 1922 a 2003, cuando se estrenaba la primera parte de la trilogía Underworld de Len Wiseman. Una batalla milenaria es el punto de encuentro entre vampiros y licántropos en este filme gótico que lanzó a la fama a su protagonista: Kate Beckinsale. Al encuestado que se ha referido a esta película le gusta porque “me encantan los vampiros femeninos, poderosos, con mucha fuerza”. Estamos de acuerdo. Nunca nos hubiéramos imaginado a la menuda actriz interpretando a una sexy vampiresa guerrera en un filme eminentemente de acción. Y no podemos evitar recordar a otras actrices que nos sorprendían al respecto: Aaliyah en La reina de los condenados, Evan Rachel Wood como la reina Sophie en True Blood o Rhona Mitra en la tercera entrega de la saga que nos ocupa. Underworld no recibió críticas demasiado halagüeñas pero la taquilla propició dos secuelas. Se espera una cuarta entrega en 2012, donde volveremos a cruzarnos con Selene. ¿El título? New Dawn.

La siguiente, por fecha, es 30 días de oscuridad de David Slade, una historia muy original, ambientada en Barrow, Alaska, donde el sol desaparece durante un mes. Este hecho lo aprovechan los chupasangres, que demuestran “una agresividad y brutalidad” poco habituales en los últimos años. Con ellos, regresaban los vampiros terroríficos, salvajes, que ven a los humanos como mero alimento. También hay que destacar su apariencia, humana en las formas pero con un rostro sutilmente retocado. Se trata de un producto diferente, entretenido, con predominio del azul, el negro, el blanco de la nieve y el rojo de la sangre. Todo lo contrario a lo que nos encontramos en Crepúsculo y su segunda y tercera parte. No vamos a contar nada nuevo. La saga basada en las novelas de Stephenie Meyer “está muy de moda” y no es de extrañar. El triángulo amoroso protagonista engancha a las adolescentes y no tan adolescentes por el atractivo de sus protagonistas y por la temática sobrenatural. Estamos hablando de películas “palomiteras” que cumplen su función a la perfección, haciéndonos soñar en que algún día conoceremos a alguien que se desvivirá por nosotros, alguien que moriría por nosotros. Curiosamente, la mejor de las tres partes a nivel de estética y realización es la tercera de ellas, dirigida por David Slade. Nada tiene que ver un producto con el otro pero en Eclipse deja su huella personal.

Por último, Déjame entrar. Según nos cuentan, “puede dar más miedo que otras de vampiros por el tratamiento tan frio, de soledad, tan “sueco”, tan suyos que son”. Dirigida por Tomas Alfredson, recibió numerosos halagos y premios de la crítica internacional por la historia basada en la novela del mismo título de John Ajvide Lindqvist. La adaptación es bastante fiel pero deja de lado un par de historias que darían más sentido al entramado principal. Merece la pena verla por la historia de dos niños muy peculiares, por lo sombrío de la ambientación, por melancólica, por romántica, por trágica, pausada y realista.

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