Historia de un vampiro enamorado

Posted on 6 mayo, 2011 por

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Buscando tema para el nuevo post, leo en la más que recomendable página web Cine y letras, un reportaje de Francisco Montaner acerca de la película El gran amor del Conde Drácula (1972), protagonizada por Paul Naschy. “La acción transcurre en el siglo XIX, en Transilvania. Las protagonistas son cuatro bellas jóvenes que, por casualidad, conocen al Conde” y éste se enamora locamente de una de ellas. “Se trata de una película digna que nos muestra a un Drácula sentimental”. Podría avanzar algo más, algo más trascendental, pero destriparía el final a aquellos que quieran disfrutar de su visionado. En el vídeo, una de las escenas:

A lo largo de la historia, prácticamente todas las versiones de Drácula que conocemos han mostrado una faceta seductora y sangrienta del Conde. Todavía hoy podemos encontrar muchos ejemplos de la obsesión por derramar sangre de vampiros que no sienten un ápice de compasión por sus víctimas: 30 días de oscuridad, Abierto hasta el amanecer, Soy Leyenda, Blade, La reina de los condenados, Rise, la reciente Daybreakers o El sicario de Dios, que se estrena esta semana en los cines españoles. Pero la imagen del vampiro chupasangres, el no muerto que hipnotiza a su víctima para que se deje morder, ha cambiado con el tiempo.

Uno de los ejemplos cinematográficos más conocidos es, sin duda, la historia de amor entre el Conde y Mina Murray en Drácula, de Francis Ford Coppola. Gran conocida es la frase que le dedica el no-muerto a su amada: “He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”. En este caso, su sed de sangre no mengua pero sus sentimientos juegan en su contra. En El ansia (1983), nos encontramos con que la protagonista mata pero también se enamora. Catherine Denueve goza de la compañía de amantes, los colecciona y los pierde con el paso del tiempo. Otro de los casos es el de la detective Rita Veder (Angela Bassett), que sucumbe a los encantos de Eddie Murphy en la comedia Un vampiro suelto en Brooklyn, donde Maximillian busca una compañera sentimental. Pero el ejemplo más interesante y distinto de amor entre humano y vampiro lo encontramos en la espléndida Déjame entrar, basada en la novela homónima del sueco John Ajvide Lindqvist. En ella, un niño con problemas en el colegio, conoce a su misteriosa nueva vecina que le ayuda, a su manera, a superar los traumas de la infancia.

Pero en la última década, quizás un poco más, muchos vampiros buscan redención, se relacionan con los humanos y se enamoran de ellos. Gran problema el que tenía Buffy, la cazavampiros: su don chocaba con Ángel, su gran amor. En 1994, Alyssa Milano, la eterna Phoebe Halliwell de Embrujadas, protagonizaba El abrazo del vampiro, filme que cuenta la historia de un no-muerto que lleva años buscando el alma de su amada con la que vivir toda la eternidad. Por fin, la encuentra reencarnada en una universitaria que tendrá que amarle sin reparos. Y no podemos olvidarnos de Bella y Edward, la pareja de humana-vampiro por excelencia en los últimos años. Ella se muere por ser una de ellos, pero él no quiere ni oír hablar del tema. Los lectores de la saga literaria saben cómo termina el asunto.

Evidente era la atracción fatal que existía entre la detective Vicky Nelson y el vampiro Henry Fitzroy en la canadiense Blood Ties, Hijos de la noche. Stefan Salvatore vive enamorado de Elena Gilbert, la doble humana de su primer amor en Crónicas vampíricas. Lo mejor de todo es que su hermano Damon, el malo de la “película” siente lo mismo o más. A falta de dos capítulos para terminar la segunda temporada, estamos expectantes por ver si la protagonista se unirá a ellos, aunque no por voluntad propia. Por otro lado, Sookie Stackhouse, la protagonista de True Blood, en la tercera temporada, rechaza el amor del vampiro Bill Compton para seguir a su propia naturaleza. En el caso de Beth Turner, la protagonista femenina de Moonlight, no podemos saber qué hubiera pasado porque tan solo hubo una temporada, pero el final fue bastante esclarecedor. Por último, comentar la serie israelí Split, donde la protagonista se une sentimentalmente a un vampiro. ¿El problema? Que ella forma parte de una orden destinada a terminar con los no-muertos. Al igual que en los dramas o comedias románticas, el amor triunfa por encima de todo.

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