Vampiros versus Licántropos

Posted on 25 marzo, 2011 por

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Buscando nuevos libros acerca del mito del vampiro, me topé con Vampires and Vampirism, (la primera edición, en 1928, llevaba por título, The Vampire, his Kith and Kin), escrito por el polémico reverendo Montague Summers donde, para mi sorpresa, además de describir todos y cada uno de los rasgos del no-muerto, diferencia a ambas criaturas y explica casos, supuestamente reales, de ataques por parte de ambos clanes.  

El hombre-lobo es otra de las criaturas que más éxito tienen en la mitología popular. También llamados licántropos, aparecen en un gran número de películas, series y novelas de ficción, despertando gran admiración entre los aficionados al mundo del terror. Por ello, me gustaría dedicar este nuevo post a su personaje y a la conexión que siempre ha tenido con el vampiro. Sin ir más lejos, en producciones y novelas modernas, se ha añadido la idea de que existe una fuerte rivalidad entre ambos seres, debido a que pertenecen a una misma raza. La leyenda cuenta que el hombre-lobo, al haber renunciado a los poderes de los chupasangres para gozar de una forma física superior, se ganó el rencor de sus semejantes.

Películas como The house of Frankenstein y The House of Dracula ya mostraban en los años 40, como ambas criaturas convivían en mejor o peor harmonía. En el caso del cine español, La marca del hombre lobo (1968), interpretada por el actor Paul Naschy, creador de Waldemar Daninsky y, el intérprete que más veces ha personificado a un licántropo en la gran pantalla, describe la tensa relación entre un recién convertido en hombre-lobo y un vampiro que se hace pasar por médico para curarle esa extraña enfermedad.

La aclamada serie de Joss Whedon, Buffy, la cazavampiros, será una de las primeras producciones televisivas que normalice la relación entre un licántropo y los seres humanos que le rodean, además de ser un aliado para Angel, el vampiro redentor. Pero no sería hasta 2003 cuando el filme Underworld nos daría a conocer una de las versiones de la historia por la que vampiros y hombres-lobo se odian. Concebida como una nueva versión de Romeo y Julieta, cuenta la historia que los no-muertos esclavizaron a los licántropos y prácticamente los extinguieron. Para vengarse, estos últimos pretendían crear un híbrido, mitad vampiro, mitad hombre-lobo. 

Un año más tarde se estrenaría la fallida Van Helsing, donde volveríamos a rememorar el origen de ambas criaturas. En esta ocasión, además, aprovecharon para unir a Drácula con el Hombre-lobo y Frankenstein, la criatura creada por la escritora Mary Shelley que, también goza de gran protagonismo en el cine. Otra película reciente en la que un hombre-lobo convive apaciblemente es El aprendiz de vampiro, basada en la novela homónima de Darren Shan, en la que el joven protagonista se une al Cirque du Freak, en el que cohabitan un vampiro, un hombre-lobo, el chico serpiente, etc.

Pero lo más interesante lo encontramos en las producciones televisivas más recientes. En la malograda The gates, cancelada tras una sola temporada en antena, vampiros, brujas y hombres lobo conviven en una vecindad de lo más curiosa. Pero las que contemplan el odio que se tienen ambas razas son True Blood, Crónicas vampíricas y Being Human. En la primera, basada en las novelas de Charlaine Harris, algunos vampiros tienen domesticados a los hombres-lobo a través de su sangre, a modo de drogadicción. En la serie de los hermanos Salvatore, chupasangres y licántropos no pueden ni verse, pelean por conseguir la piedra lunar y, además, cuentan que un solo mordisco de las bestias, mata al vampiro. Por último, en la canadiense Being Human, los dos protagonistas principales cohabitan en el mismo apartamento porque son seres diferentes al resto de sus clanes, que sí se quieren ver muertos. Llama la atención que, en todas ellas, los vampiros siempre se quejen del tedio que sienten al olfatear a los “perros”.

Así pues, el destino de ambas criaturas de la noche va a seguir unido de aquí a la eternidad porque el público pide más, porque las tramas se enriquecen y, porque a falta de un mito, tenemos a los dos mejores y más importantes.

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