La fascinación por el vampiro, el origen

Posted on 18 marzo, 2011 por

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Navegando por Internet, encontré el artículo “El holandés errante y otros mitos del romanticismo gótico”, escrito por Rafael Fernández de Larrinoa para la revista Audio Clásica. Me pareció muy interesante ya que hoy en día, mucho se habla sobre el fenómeno fan detrás del mito del vampiro, pero el interés por los no-muertos precede al éxito de sagas literarias y películas modernas.

Coincidiendo con el estreno en el Teatro Real de Madrid de la ópera wagneriana El holandés errante, en enero de 2010, el autor nos describe al “condenador de vírgenes” como el más antiguo y oscuro protagonista del repertorio operístico actual. Tal y cómo nos cuenta Fernández de Larrinoa, este personaje del Romanticismo, “castigador en serie del género femenino”, forma parte del listado de grandes mitos misóginos de la literatura: Don Juan, Drácula, Barbazul, etc.

Centrándonos en el caso que nos ocupa, las leyendas de vampiros, objeto de histeria colectiva, fueron tomando forma en las regiones rurales del Este Europeo a lo largo del siglo XVIII. Ningún país como Hungría fue tan prolífico en leyendas y casos relacionados con vampiros. También lo fueron Bulgaria, Austria, Alemania y, por supuesto Rumanía. Los medios de comunicación se hicieron eco de tales noticias y, en consecuencia, la temática vampírica fue tomando forma en las artes literarias. Primero fue El vampiro, poema breve de Henrich August Ossenfelder (1748), aunque el personaje principal no fuera un vampiro real sino solo psicológico. Las continuas visitas al ser amado del joven protagonista empezaron a atisbar el componente erótico que el mito iría adquiriendo a lo largo de los años.

En sus inicios, el vampiro no era más que una criatura monstruosa sin capacidad empática. Pero John William Polidori cambia esa concepción. Su novela El vampiro (1819), le añade ese componente sexual con el que los asesinatos se convertirán en un asunto casi amoroso. Su obra alcanzó un éxito descomunal y la fascinación por los no-muertos no hizo más que empezar. Los chupasangres ya no eran monstruos sino antihéroes románticos. La figura clave de este fenómeno fue Lord Byron, que “en 1816 propuso a sus huéspedes de la Villa Diodati, la invención de un relato de terror. Byron esbozó la historia de un vampiro que sirvió de inspiración a Polidori”.

Pero tal y como Luís García Chapinal describe en Vampirismo, entre la realidad y la leyenda, “la imagen del vampiro que alberga el hombre occidental en su mente no se ha forjado a través de los casos registrados en Europa como consecuencia de las epidemias balcánico-eslavas, sino a causa de una magistral obra literaria vertida por Abraham Stoker”. Drácula marcó un antes y un después en el género.

En la actualidad, pocas veces vemos al vampiro representado como un ser desagradable físicamente. 30 días de oscuridad, Salem’s Lot o Abierto al amanecer son algunos de los ejemplos, pero lo normal es encontrarnos con no-muertos extremadamente atractivos y bellos. En Entrevista con el vampiro, Sangre y Oro o Lestat el vampiro de Anne Rice, morder se representa como un acto casi sexual, al igual que en Blade, Van Helsing o Drácula de Francis Ford Coppola. En el caso de Crepúsculo de Stephenie Meyer, Edward Cullen reprime cómo puede el instinto de su compañera humana en un alarde de castidad propia de un país como Estados Unidos.

En las novelas de Charlaine Harris, en las que se basa la exitosa serie True Blood (Sangre Fresca), la protagonista se siente irremediablemente atraída por un vampiro que se intenta reinsertar en la sociedad. En Vampire Kisses de Ellen Schreiber, Raven se muere por recibir un beso de un vampiro a riesgo de perder su propia mortalidad. Pero, ¿a qué se debe que los humanos no puedan evitar acercarse a estas criaturas?

En parte, por la sangre y su color: según Noelia Induráin y Oscar Urbiola en Vampiros, el mito de los no-muertos, “el color rojo está relacionado con el fuego, el calor. El color rojo es el color de la sangre palpitante, es el color de los sentidos vivos y ardientes. El fluido vital tiene un gran poder de atracción”. Por supuesto, eso no es todo. El peligro nos motiva, nos gustan las relaciones difíciles, nos atraen los seductores, los promiscuos, los antihéroes.

Por último, me gustaría destacar que esa fascinación por el vampiro, a veces, nos lleva a realizar actos de lo más curiosos: hace un par de años, la CBS decidió cancelar la serie Moonlight, tras una primera temporada de altibajos. Con tal de que eso no ocurriera y Mick St. John pudiera seguir ejerciendo de vampiro-detective, algunos seguidores decidieron donar sangre a la Cruz Roja como gesto reivindicativo. No les sirvió de nada, pero sí destacó que el interés del público por los chupasangres sigue latente.

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